DEL ABOGADO AMIGO

ABISMO ENTRE NORMA Y REALIDAD

Por Luis Torre Aliyán


Diversos autores han escrito sobre esta característica del Derecho mexicano: El abismo entre norma y realidad.

Como abogado lo sostengo, creo que no se equivocan: hay un mundo de diferencia entre lo que dicta la ley (en cualquier materia) y la realidad con la que se topan los ciudadanos en el día a día.

Sin embargo, estimo que donde nos han quedado a deber los académicos -y no se diga los legisladores- es en las soluciones a esto; dicho de otra manera: Basta ya de abundar en el diagnóstico, caray. ¿Cómo le hacemos para que las leyes y reglamentos en nuestro México sean más claras y apegadas a la, llamémosle, “verdad” ciudadana.

Cientos de veces (por no decir miles) nos ha tocado ya sea a mí o a mis colaboradores en el Despacho, y apuesto que a cualquier operador del Derecho, que la persona que busca justicia sea en un juicio sucesorio, sea en uno de régimen de convivencia con menores de edad, sea en un asunto que tenga que ver con un predio de su propiedad o, sea de cómo cobrar mercantilmente un monto que le deben y, en general, a modo de cliente hace una pregunta que desde el punto de vista lógico-práctico la respuesta sería muy sencilla, pero que lamentablemente desde el punto de vista legal es muy complejo no solo contestarle la pregunta sino llevar a buen puerto esa “lógica” a los tribunales, y así acercar a la persona a que obtenga la justicia que anhela.

Claro, al ser el Derecho una ciencia, resulta ser tan cambiante como imperfecto, como pasa por ejemplo, con la Medicina. Pues tal es la velocidad en los cambios sociales que deviene muy poco probable que las leyes caminen al mismo ritmo que las comunidades; y en la Medicina, por más evolución que haya en tratamientos para ciertas enfermedades del momento, al tiempo ya la población es impactada por nuevos padecimientos.

Aun así, va una propuesta:

Que los Poderes Judicial y Legislativo hagan trabajos en conjunto, pero, en serio; más allá de retórica, más allá de discursos políticos y más allá de la tradicional firma de convenios.

Me refiero a que, por ejemplo, en materia familiar, realmente los diputados estén enterados del rezago y cúmulo de expedientes en los juzgados familiares y los porqués de esto. Que hagan un análisis sensible Juzgadores y Congresistas respecto de costos, tiempos, desgaste social, desgaste familiar (sobre todo el de los menores de edad) y hasta de la obsoleta legislación civil imperante que se traduce en largos y cansados procesos para los ciudadanos.

Y entonces sí, esté el Poder Legislativo en condiciones de hacer más clara la norma y, entonces sí, también, esté el Poder Juidicial en condiciones de otorgar justica pronta y ágil para el pueblo. Es decir, de darse realmente un trabajo en equipo entre esos dos poderes, como desde mi perspectiva no se ha hecho hasta hoy, la más agradecida sería la población.

Nótese que no generalizo: Hay avances en ambos poderes constitucionales pero, definitivamente en el tema de trabajo en conjunto – real – como el que propongo, hay una enorme área de oportunidad.

Creo que sí es posible disminuir el abismo entre norma y realidad en México. ¡Hagamos algo!

 

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