Brasil combate una de sus peores epidemias de fiebre amarilla

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Río Janeiro.- Brasil está luchando por vencer a una de sus peores epidemias de fiebre amarilla, un virus a veces fatal transmitido por los mosquitos Haemagogus y Sabethes que causa color amarillento de la piel y los ojos de los infectados.

El aumento del padecimiento ha sido en gran parte en las zonas rurales, pero existe creciente preocupación de que si las personas no reciben la vacuna, el virus podría extenderse a las ciudades brasileñas más grandes.

Cinco turistas que estuvieron en Brasil entre enero y febrero de este año enfermaron de fiebre amarilla, informa la Sociedad Internacional de Medicina de Viajes, grupo que mantiene un sistema de vigilancia sobre enfermedades globales y concentra a investigadores de todo el mundo.

El gobierno brasileño, ante la tarea de vacunar a millones lo más rápido posible, dijo que comenzaría a reducir las dosis de vacunas en Sao Paulo y Río de Janeiro para ayudar a estirar los suministros.

Aunque los funcionarios de salud insistieron en que incluso una dosis parcial protegería a las personas hasta por ocho años, muchos seguían sin estar convencidos.

A diferencia de la reciente epidemia de Zika en el país, otro virus transmitido por mosquitos que causó microcefalia y otros defectos congénitos en cientos de bebés, la actual fiebre amarilla no se transmite por el Aedes aegypti, el mosquito urbano culpado del Zika.

Aún así, la fiebre amarilla que ha surgido en las zonas rurales del país ha llegado a Minas Gerais, Sao Paulo y Río de Janeiro, tres estados con algunos de los centros metropolitanos más grandes del país, áreas donde la gente tradicionalmente no tiene que preocuparse acerca de recibir la vacuna.

En un arranque de pánico y malentendidos, la gente comenzó a matar monos, pensando erróneamente que eran responsables de propagar el virus.

El estado de Sao Paulo ha visto el salto más dramático en los casos de fiebre amarilla. En las primeras seis semanas de 2018, ya había 133 casos confirmados y 49 muertes atribuidas al virus, un aumento asombroso desde 2017 cuando hubo 53 casos y 16 muertes durante todo el año.

Rio tuvo 47 casos y 21 muertes solo en enero, en comparación con 27 casos y nueve muertes durante todo el año anterior.

El año pasado, sin embargo, con un número menor de muertos, el Ministerio de Salud declaró emergencia y dijo que se trataba de la peor epidemia en la historia del país desde la década de 1980.

A medida que el virus se propaga y se mueve hacia áreas generalmente no amenazadas por la fiebre amarilla, la campaña de vacunación del gobierno ha tenido problemas para mantenerse al día.

Incluso con las prisas por vacunarse, el objetivo del Ministerio de Salud de vacunar a 20.5 millones de personas en Sao Paulo y Río entre el 25 de enero y el 15 de febrero alcanzó solo el 20 por ciento de su población objetivo.

Con solo 3.6 millones de personas vacunadas, decidió extender la campaña hasta marzo, de acuerdo con un reporte del diario New York Times.

Pero algunas personas eligen renunciar a la vacunación, convencidas por los rumores de que la vacuna es una amenaza mayor que el virus real, información falsa que se ha transmitido en las redes sociales.

Una publicación en Facebook que decía que un adolescente murió debido a los efectos secundarios de la vacuna contra la fiebre amarilla se volvió viral, a pesar de que los funcionarios del pueblo donde vivía dijeron que la muerte del adolescente se debió a una neumonía bacteriana.

Una grabación de audio de una mujer que dice ser médico y que advierte que la vacuna no es segura también pasó por WhatsApp, una popular aplicación de mensajería en Brasil.

Aunque hubo cinco muertes atribuidas a la vacuna en Brasil el año pasado, tales problemas serios son raros. Los efectos secundarios de la vacuna contra la fiebre amarilla generalmente son menores e incluyen dolores de cabeza, dolores musculares, fiebre leve y sarpullido leve.

El problema real, según Mauricio Nogueira, presidente de la Sociedade Brasileña de Virologia, no es la vacuna, sino la falta de transparencia del gobierno.

“El gobierno debe ser muy claro y debe explicar por qué no comenzó a vacunar el año pasado. Tiene que decir: Mire, entonces no teníamos suficientes vacunas’. Y necesita admitir que lo que tenemos ahora es una epidemia”, precisó.

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