Voluntarios dejan “el corazón” entre escombros

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Por Carlos Trejo Serrano

Ocuilan, Méx. 23 Sep (Notimex).- No son expertos ni cuentan con maquinaria pesada, pero salen de cualquier rincón del país y viajan sólo con un pico y pala para dejar “el corazón” en cada inmueble devastado por el sismo del 19 de septiembre.

Ellos son los miles de voluntarios, muchos de ellos anónimos, que salieron minutos después de las 13:14 horas del martes pasado, cuando empezó a cimbrarse la tierra en la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Guerrero, Oaxaca y el Estado de México, para apoyar a los más afectados.

La comunidad de Tlatempa en el municipio Ocuilan, Estado de México, resultó bastante afectada porque, de acuerdo con datos preliminares, hay 28 viviendas, la primaria y la iglesia dañadas por completo.

Sin embargo, el número de inmuebles podría aumentar porque desde el viernes realizan el censo para identificar más daños en aquellos hogares que todavía permanecen de pie.

A esta pequeña localidad, de al menos 300 habitantes, llegó Lesly Reyes Becerra porque -subraya- como mexicanos tenemos que apoyar a quienes “más nos necesitan en este momento tan crítico y lleno de dolor”.

La joven, de 21 años edad, es del Centro Cívico Satélite, ubicado en Naucalpan, y viajó este jueves con un grupo de 15 voluntarios para acercar víveres, medicamento, ropa y, sobre todo, retirar los destrozos que ocasionó el sismo.

Parece un joven “frágil” por su estatura y delgadez, sin embargo, en la emergencia invierte toda su fuerza porque “es muy triste el sufrimiento y angustia que reflejan estas familias por perder sus hogares”.

Después de hacer cargado herramientas, fragmentos de viviendas y repartir vivieres y agua embotellada, Lesly toma un descanso colocando su mano sobre el mango de la pala y después pasa su brazo para retirar el sudor.

Cerca de ella permanece Cy Cerdán Díaz y Ana Paula Álvarez, quienes apenas rebasan los 20 años de edad y vinieron de Cuernavaca, Morelos, sin chaleco, guantes, casco ni alguna vestimenta para el lugar. “Sólo queremos ayudar con un poco”.

Cerdán Díaz comenta que vinieron unos 12 amigos en varios automóviles, pero algunos se quedaron en algún punto ayudando y otros decidieron hacerlo en Tlatempa “porque ahora que lo vemos en vivo su situación es aún más dura de lo que imaginamos”.

Ya han podido apoyar a otras comunidades de Morelos, como Axochipan, donde ocurrió el epicentro, pero son “muchas las que necesitan de todos nosotros y no podemos abandonarlos en uno de los peores desastres del país”.

Tanto los voluntarios como los dueños de los hogares derrumbados trabajan de manera continua; todos unidos. “Solamente de esta manera saldremos adelante”, expone el señor Rosalio Saucedo Figueroa, de 59 años de edad.

“México está convulsionado en una tragedia que dejó el sismo”, mencionó, pero lamenta que la naturaleza le haya quitado en segundos el patrimonio forjado por más de 45 años.

Don Rosalio, junto con sus dos hermanos, cada uno con sus respectivas familias, quedaron completamente desprotegidos porque sus tres casas, alojadas en el mismo terreno, quedaron devastadas.

“Los tres nos quedamos sin casa. Nos pegó duro porque cada quien tenía su lote, su casa, y nos arraso como familia. Ahora todos dormimos a la intemperie y con la necesidad de limpiar el desastre y después reconstruir”.

Saucedo Figueroa estima que 60 por ciento de la comunidad de Tlatempa tiene daños graves. “Todos estamos en esta tragedia”, reitera mientras señala la máquina que saca lo que quedó de su hogar: sólo escombros.

El albergue instalado ha sido esencial para estos mexiquenses, sin embargo, la ayuda aún es insuficiente porque algunos duermen en cartones que, al llover, son mojados por el agua que corre por el lugar.

Ahora los vecinos piden ayuda urgente y señalan que necesitan tarimas, lonas, lámparas, extensiones, pilas, faros, carpas, colchonetas, lonas, láminas, camiones de volteo y maquinaria trascabo, entre otros.

No obstante, en la localidad persiste el miedo porque pueda caer el puente que conecta con Ocuilan de Arteaga, debido a las grietas ocasionadas por el movimiento telúrico y porque es la única vía de comunicación.

 

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