Dialogo

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Casa del Arte expulsa a maestros

Azahel Jaramillo Hernández


¿Cómo están? Pues esta semana los amigos maestros de la Casa de Arte me han compartido su malestar y tristeza debido a que esa institución se encuentra sin director desde este nuevo gobierno estatal de los “Vientos de Cambio”,  y los han despedido.

No hay un nuevo director pero si un Encargado administrativo que es el Sr. Hugo Castillo Arriaga, procedente de la Cd. de Reynosa, quien les ha dicho alos maestros de esta legendaria escuela que los altos mandos de la Secretaria de Educación de Tamaulipas, la SET, quiere a todos los maestros de vuelta a la SET.

Son 14 los maestros afectados que ya no podrán impartir sus conocimientos ni transmitir su apego y amor a las artes a cientos de alumnos de la Casa del Arte. Algunos de los maestros despedidos son Sandra Segura, Alicia Caballero Galindo y Armando Cavazos, destacados mentores en la música y la creación literaria.

Nos señala una de las maestras que han pedido donde la Secretaria de Educación ordena su vuelta a la Calzada Luis Caballero y nada muestra y asimismo en la SET dicen desconocer el asunto.

Lo cierto es que nadie puede cuestionar el profesionalismo  y dedicación a la enseñanza mostrada por este grupo de profesores a los que hoy se les ha expulsado de la Casa del Arte con oficio donde se indica que han “sido puestos a disposición de la SET”.

El jueves había a eso del mediodía un ambiente de tristeza. Se capta además que la Banda de Música tiene aquí su nueva sede y que aquí en el amplio patio se ponen a ensayar en los pasillos … lo cual no siempre es armónico ni melodioso pero sí bastante incomodo, nos reportan.

Además entre los maestros cesados persiste la idea de que de momento se piensa convertir la mitad del inmueble en oficinas administrativas y la otra mitad en escuela para poco a poco ir desapareciendo su función educativa en las artes.

En otros asuntos les comparto mi impresión de que los tamaulipecos le debemos un gran homenaje a un escritor tamaulipeco muy brillante. Me refiero al maestro Rafael Ramírez Heredia, cuyo deceso ocurrió en octubre el año 2006. Contaba el maestro con 64 años.

He aquí la historia de este feliz escritor, contada por él mismo, donde nos da su receta para escribir y su visión del viejo Tampico :

Capricornio, nací el 9 de enero en la ciudad y puerto de Tampico – de río inmenso, de playas blancas, de muchachas hermosas, de calor suntuoso, de lagunas de atardecer sin paralelo – y dicen que nací ahí porque por esos años mi padre, don Rafael Ramírez Coronado, abogado sindicalista y profesor, andaba en esas tierras ayudando a crear y mantener sindicatos. Mi padre era alto, blanco hasta el deslumbre, muy delgado, de bigotillo lineal, de gran talento, de revires verbales agudos, solitario, silencioso y muy tímido sin es que no había tomado algún trago.

Mi madre, bella, musical, siempre joven, pizpireta, simpática, yucateca – de Mérida – se encontraba muy a gusto en Tampico pues también, por razones diversas, una de sus hermanas ( la tía Rina ) se había ido allá a vivir, y su padre, es decir, mi abuelo, ( don Atenógenes, ah que nombre tan rimbombante, que señor tan apuesto, ojo verde, trajes de lino ) también había llegado a Tampico cumpliendo su trabajo como médico y jefe de salud en la parte sur del Estado de Tamaulipas.

De tal manera que pese a que mi nacimiento en el puerto jaibo fue circunstancial, la combinación de un padre veracruzano, una madre yucateca y un ambiente tropical y camaronero, hizo que de alguna manera ese tropicalismo marcara mi forma de ser, dejara huella en mis improntas, y que además me comprometiera con mi tierra, pues mis tías, abuelos y otros familiares, se quedaron para siempre allá, lo que me permitió jamás renunciar a mi raíces, regresar con bastante frecuencia, y mantener – hasta hoy mismo – una serie de cariños, amigos, compadres, familiares, sensaciones y recuerdos, que me hacen ser tampiqueño hasta la médula, avecindado – momentáneamente – en el D.F. pero con un pie en el estribo para regresara a la orilla del río Pánuco, cosa que he venido diciendo desde años y que por desgracia aún no he podido cumplir.

Mi cambio al Distrito Federal (hizo) que descubriera a mi abuelo paterno, don Rafael Ramírez Castañeda – cuyos restos mortales están en la Rotonda de los Hombres Ilustres – uno de los más grandes educadores que ha dado México, creador de las Escuelas Rurales y de las Misiones Culturales- autor de más de 175 libros de carácter pedagógico, y cuyo nombre, amén de plazas, calles y escuelas, se le da a la medalla que los maestros mexicanos reciben a los 25 años de servicio..

Cómo recuerdo los viajes del D.F. a Tampico, la alegría me hacía soportar las 12 infernales horas del trayecto en autobús: un viejo camión marca Beck – ¿ existirán aún esos transportes ? – que daba de vueltas en carreteras estrechas por las planicies monótonas de los estados de México e Hidalgo, después las curvas de la sierra madre- Jacala, “el cantil de la gringa” – trepando y bajando, dando de giros como si se recorrieran glorieta tras glorieta, la llegada al calor del trópico con sus verdes infinitos, su olor, uh ese olor, las lagunas de la huasteca y sus garzas y gavilancillos, y por fin el río y el panorama de Tampico que yo sabía distinguir desde kilómetros antes de mi arribo porque las torres de la potabilizadora me lo anunciaban en el corte del horizonte.

Mi generación fue etílica, no fumo más que cigarrillos, ni siquiera puro, pese a ser taurino hasta las cachas. No tengo una fórmula para obtener lo que se ha dado en llamar inspiración, ésta, si en algo la tengo, surge de los momentos y acciones menos predeterminadas.

Escribo casi siempre por las mañanas a partir de las 6 o a veces antes, pero no le hago el feo a las noches. Cuando estoy trabajando un libro casi no salgo a la calle. Escribo  en los lugares más extraños, muchas de las veces sin necesidad de tener un papel enfrente sino imaginando situaciones, escucho conversaciones, invento relaciones entre la gente que me rodea, hago historias ante rostros desconocidos, me hurto formas de hablar y ando con las orejas en el aire para ver nomás qué se me ocurre.

Soy de los creen que el periodismo en una rama de la literatura, y que bien practicado es un oficio digno y de gran respeto.

Azahel Jaramillo Hernandez

azahel_jaramillo@hotmail.com

 

 

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